Miedo a todo. Miedo a nada. Miedo a vivir.
Un nudo. Varios.
Presión en las sienes, en el pecho, en el estómago.
Tiemblan las vocales, y las consonantes, las palabras y las piernas. Tiembla la vida, tu vida, mi vida.
Miedo a dar un paso, dos. Miedo a volver, a seguir. Angustia si te quedas quieto.
Giras a tu alrededor, no hay alternativa, ninguna decisión correcta, todo gira y nada se mueve. Quieres desvanecerte y no te evaporas. Ni siquiera las lágrimas que resbalan por tu cara.
Al final, muy al final, pero a tiempo,
Paras. Te paras. Paras de llorar, de gritar, de girar, de temblar. Te paras y escuchas. Respiras y te escuchas respirar. Respiras hondo, muy hondo, hasta que el aire inunda tus pulmones, e incluso tus pies, de repente, pies de plomo. Tan seguros que te sostienen, te están sosteniendo.
Y empiezas a andar.