Alas
El cansancio le corría por las venas y el frío se enganchaba en sus huesos de cristal, llevándola hacia un profundo sueño sin descanso, una maraña de miedos y confusiones.
Pero nada la detuvo. Poco a poco, paso a paso, siguió caminando. A pesar del frío y en contra del cansancio, empezó a correr, a volar. Su cuerpo se volvió etéreo y le nacieron alas en la espalda.
A pesar de todo y en contra de todo, logró sobrevivir. Logró vivir.
Cuando te vayas
Mañana estaré pensando en ti, cuando te vayas. Soñaré con dulces estrellas de caramelo derritiéndose en mi boca, como si me estuvieras besando. Caminaré por aquellas calles de recuerdos infantiles, con charcos de lluvia y arco iris entre los balcones. Pensaré en ti, viviré por tí, como si nunca te hubieras ido.
Desde que te echo de menos
No sabes cuánto te hecho de menos. Hace tiempo pensaba que era imposible, porque aunque te encontraras muy lejos, siempre estarías cerca. Pero te has ido y no entiendo tu ausencia porque te sigo queriendo.
Fotografías
Las fotografías, cansadas de ser ignoradas, se amotinaron y se torcieron en sus marcos. No entendían por qué se encontraban vistiendo la casa de una persona que nunca las había podido mirar.
Pero lo que ellas no entendían era que aunque su ceguera le hacía imposible observarlas, el simple hecho de que se encontraran allí, le hacía sentirse acompañado.
Recuerdos en sepia
Cogía una foto color sepia cada vez, la acercaba a milímetros de sus derrotados ojos y la inspeccionaba, buscando su pasado. Últimamente se pasaba horas revisando cada grano de cada papael fotográfico, comentando con su mujer, sus hijos y sus nietos la época, el lugar, el amor con que fueron tomadas. Cuando conoció a su mujer, la más bonita de todo Madrid, con su pelo largo y sus labios carnosos; el viaje a Alicante en familia; su vida de estudiante…
En cierto modo, era como si supiese lo que se le venía encima. Quizá lo mantuvo en secreto hasta que fue demasiado tarde y su ceguera inminente. Siempre me gustó pensar que viajó por sus recuerdos a tiempo, para mantener impreso en su memoria aquello que no volvería a ver nunca más.
Entre estar y no estar
Siento que tengo miedo. Miedo que me escurre hacia abajo, hacia mi interior. Me hace tan pequeña… Intento escalar hacia el final de mi dedos, para tocarte, hacia el final de mis labios, para hablarte, pero estoy inmovil. Estoy aquí, pero no me ves, ni yo me veo, y tengo miedo.
La vida al aire
El viento huracanado sacude mi vida, y la arena que arrastra, ciega mis ojos. Estoy perdida… y me zarandean. No se donde voy, ni donde me llevan. Lucho y me ahogo. Toco una puerta, y se desvanece. Todo se mueve y me lanza al suelo.
Y lloro. Lloro con todas mis fuerzas, grito contra lo desconocido, lo que intenta perderme… y la arena sale, el dolor retrocede, mi corazón se recompone. Y es ahora cuando la voz amortiguada de los que me quieren, llega a mis oidos, a mi entendimiento, a mi corazón. No estoy sola… empiezo a no sentirme sola.
Celos
Y la sangre hierve sin motivo. El corazón se acelera y la mente se nubla, como cortocircuitada. Y no hay motivo. Bueno, si, miedo e inseguridad, inseguridad en uno mismo, no creerse suficiente para llenar el corazón y el alma del otro. Y eso es lo que aleja, el miedo. El miedo a no ser suficiente.
Encrucijada
Estamos en un momento de encrucijadas, un momento en el que se nos están cerrando puertas; pero si somos listos, podemos ver las ventanas que se nos abren: solo tenemos que estar atentos y saber aprovechar las oportunidades.
Cambio. Ir hacia delante. Sin lamentarnos de lo maravilloso u horrible fue nuestro pasado. Solo caminar y hacer camino. Ser conscientes de lo que nos viene impuesto, y de lo que podemos elegir.
Vivir la vida volando entre las frescas nubes blancas, pero caminando a ras de suelo.