Me arrepiento de ti casi tanto como me arrepiento de mi. No hubo amor. Miedo. Hubo mucho miedo. A la soledad, al dolor, a tu dolor.
De lo que más me arrepiento fue de la cobardía, rallamos. Juntos sin querernos, sin querer estar juntos. Tu miedo a la soledad, mi miedo a tu dolor.
Pero ahora, después la valentía, no, de la desesperación, del asco hacia mi, hacia ti, hacia nosotros, tu soledad y nuestro dolor se desvanecieron como el humo de una hoguera. Después de quemar nuestras ataduras, conseguimos sobrevivir, conseguimos llegar a vivir. Y quizá podamos soñar ser felices.
No hubo amor, pero si hubo cariño. Te quiero, aunque no te echo de menos.
